CENTRAL TERMOELÉCTRICA
CENTRAL TERMOELÉCTRICA
De ciclo convencional
Se llaman centrales clásicas o de
ciclo convencional a aquellas centrales térmicas que emplean la combustión del
carbón, petróleo (aceite) o gas natural para generar la energía eléctrica. Son
consideradas las centrales más económicas y rentables, por lo que su
utilización está muy extendida en el mundo económicamente avanzado y en el
mundo en vías de desarrollo, a pesar de que estén siendo criticadas debido a su
elevado impacto medioambiental.
De ciclo combinado
En la actualidad se están
construyendo numerosas centrales termoeléctricas de las denominadas de ciclo
combinado, que son un tipo de central que utiliza gas natural, gasóleo o
incluso carbón preparado como combustible para alimentar una turbina de gas.
Luego los gases de escape de la turbina de gas todavía tienen una elevada
temperatura, se utilizan para producir vapor que mueve una segunda turbina,
esta vez de vapor. Cada una de estas turbinas está acoplada a su
correspondiente alternador para generar energía eléctrica. Normalmente durante
el proceso de partida de estas centrales solo funciona la turbina de gas; a
este modo de operación se lo llama ciclo abierto. Si bien la mayoría de las
centrales de este tipo pueden intercambiar el combustible (entre gas y diésel)
incluso en funcionamiento. Como la diferencia de temperatura que se produce
entre la combustión y los gases de escape es más alta que en el caso de una
turbina de gas o una de vapor, se consiguen rendimientos muy superiores, del
orden del 55%.
En los últimos tiempos se viene
desarrollando una nueva tecnología, la gasificación integrada en ciclo
combinado (GICC), que mediante un sistema de gasificación del carbón, reduce
ostensiblemente las emisiones contaminantes a la atmósfera.
Funcionamiento
En los últimos tiempos se viene
desarrollando una nueva tecnología, la gasificación integrada en ciclo
combinado (GICC), que mediante un sistema de gasificación del carbón, reduce
ostensiblemente las emisiones contaminantes a la atmósfera.
En las centrales térmicas
convencionales, la energía química ligada por el combustible fósil (carbón, gas
o fuelóleo) se transforma en energía eléctrica. Se trata de un proceso de
refinado de energía. El esquema básico de funcionamiento de todas las centrales
térmicas convencionales es prácticamente el mismo, independientemente de que
utilicen carbón, fueloleo o gas. Las únicas diferencias sustanciales consisten
en el distinto tratamiento previo que sufre el combustible antes de ser
inyectado en la caldera y el diseño de los quemadores de la misma, que varía
según el tipo de combustible empleado.
En el caso de una central térmica
de carbón, el combustible se reduce primero a un polvo fino y se bombea después
dentro del horno por medio de unos chorros de aire precalentados. Si es una
central térmica de fuelóleo, el combustible es precalentado para que
fluidifique e inyectado posteriormente en quemadores adecuados a este tipo de
derivados del petróleo. Finalmente, si se trata de una central térmica de gas,
tenemos otro tipo de quemadores específicos. En definitiva, la energía liberada
durante la combustión en la cámara de la caldera, independientemente del tipo
de combustible, hace evaporarse el agua en los tubos de la caldera y produce
vapor.
El vapor de agua se bombea a alta
presión a través de la caldera, a fin de obtener el mayor rendimiento posible.
Gracias a esta presión en los tubos de la caldera, el vapor de agua puede
llegar a alcanzar temperaturas de hasta 600 ºC (vapor recalentado).
Este vapor entra a gran presión
en la turbina a través de un sistema de tuberías. La turbina consta de tres
cuerpos; de alta, media y baja presión respectivamente. El objetivo de esta
triple disposición es aprovechar al máximo la fuerza del vapor, ya que este va
perdiendo presión progresivamente. Así pues, el vapor de agua a presión hace
girar la turbina, generando energía mecánica. Hemos conseguido transformar la
energía térmica en energía mecánica de rotación.
El vapor, con el calor residual
no aprovechable, pasa de la turbina al condensador. Aquí, a muy baja presión
(vacío) y temperatura (40ºC), el vapor se convierte de nuevo en agua, la cual
es conducida otra vez a la caldera a fin de reiniciar el ciclo productivo. El
calor latente de condensación del vapor de agua es absorbido por el agua de
refrigeración, que lo entrega al aire del exterior en las torres de
enfriamiento.
La energía mecánica de rotación
que lleva el eje de la turbina es transformada a su vez en energía eléctrica
por medio de un generador síncrono acoplado a la turbina.
Ventajas
Son las centrales más baratas de
construir (teniendo en cuenta el precio por megavatio instalado), especialmente
las de carbón, debido a la simplicidad (comparativamente hablando) de
construcción y la energía generada de forma masiva. Las centrales de ciclo
combinado de gas natural son mucho más baratas (alcanzan el 50%) que una
termoeléctrica convencional, aumentando la energía térmica generada (y por
tanto, las ganancias) con la misma cantidad de combustible, y rebajando las
emisiones citadas más arriba en un 20%, quedando así en 0,35 kg de CO2, por
kw/h producido.
Inconvenientes
El uso de combustibles calientes
genera emisiones de gases de efecto invernadero y de lluvia ácida a la
atmósfera, junto a partículas volantes que pueden contener metales pesados. Al
ser los combustibles fósiles una fuente de energía finita, su uso está limitado
a la duración de las reservas y/o su rentabilidad económica. Sus emisiones
térmicas y de vapor pueden alterar el microclima local. Afectan negativamente a
los ecosistemas fluviales debido a los vertidos de agua caliente en éstos. Su
rendimiento (en muchos casos) es nulo (comparado con el rendimiento ideal), a
pesar de haberse realizado grandes mejoras en la eficiencia (un 90-91% de la
energía liberada en la combustión se convierte en electricidad, de media)

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